VALLEJO, RIBEYRO Y VARGAS LLOSA
marzo 23 | Posted by webadmin2000 | OpiniónPor Luis Eduardo Daza
Estos tres geniales peruanos acaban de hacer noticia. Los dos primeros en un artículo de un novato, y el tercero, por su posición frente a la corrida de toros.
Diego de la Torre es un novel columnista que acaba de escribir que el enorme poeta César Vallejo y el gigante del cuento peruano, Julio Ramon Ribeyro son literatos que debieran prescindirse en tanto influyen fatalistamente en los cerebros de los peruanos, generando un arquetipo mental pesimista. El escritor Raúl Tola comenta en su columna de los sábados, en un diario de circulación nacional, que el artículo de de la Torre es producto de una lectura de Vallejo y Ribeyro, sesgada, superficial e infantil. Cita que el atrevido e insolente columnista recomienda, para evitar esta nefasta influencia de nuestros geniales escritores y crear ciudadanos peruanos con mentalidad ganadora, dejar de leerlos o sustituir, por ejemplo, ese fragmento del poeta “Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”, por uno que diga a los niños peruanos lo siguiente: “que han nacido un día en que Dios estuvo contento y que el Perú es un país maravilloso”.
Increíble, esa opinión exhala un tufo de pensamiento medieval, de un tipo que ha paralizado su evolución mental al trabajar con esquemas cognitivos que no concuerdan con las expresiones creativas más bellas y originales de nuestros tiempos. Si de la Torre pertenece o está ligado fuertemente a una de las instituciones más conservadoras de la sociedad peruana, aquella que ha hecho del temor y del amedrentamiento un principio motriz, debe de hacer un esfuerzo para deshacerse de las telarañas mentales que suponen ciertos dogmas que ya no funcionan para un hombre promedio y con una gota de sentido común. No tendrían que sentirse ofendidos por expresiones de Vallejo como “Dios Mío, estoy llorando el ser que vivo; me pesa haber tomádote tu pan; pero este pobre barro pensativo/ no es costra fermentada en tu costado…”. El columnista debe leer completamente al poeta, que después de un tiempo, para su tranquilidad, reivindica a Dios con lo siguiente: “…¡Oh Dios mío!, recién a ti me llego/ hoy que amo tanto en esta tarde/ hoy que en la falsa balanza de unos senos/ miro y lloro una frágil creación…”
Ribeyro no es un cuentista difícil de entender. El cuento Alienación, cuestionado por la Torre, es una verdadera alegoría. No se puede interpretar al pie de la letra la producción literaria de nuestros más grandes escritores. Alienación narra la historia de un joven adolescente de raza negra que le toca vivir en un barrio de clase media en Lima, y en donde los demás adolescentes son gente mestiza o blanca. Todo estaba muy bien mientras fue niño, pero ya de adolescente descubre que no todo es ir tras un balón o jugar a las escondidas. Hay tensiones que se derivan de nuevas formas de interacción humana: conquistar a la chica de sus sueños. Y para este mulato, Queca, una blanquita ricotona, que había servido de inspiración de los versos más cojudos y de innumerables pajas entre la muchachada, se convirtió en su obsesión desde el primer momento que la vio. Como quiera que no conseguía llamar su atención planea ejecutar unos cambios asombrosos en su apariencia física: primero, decide planchar su cabello zambo, un signo inequívoco de negro, para convertirlo en lacio. Luego intenta cambiar el color de su piel con ingentes pomadas blanqueadoras;con la bemba no tuvo resultados. Después de sacrificios dolorosos para matar al negro que había dentro de él, resulta que la linda Queca, no sólo no se fija en él, sino que se consigue un novio blanquito de pasado irlandés, con quien años después logra casarse, instalarse en una ciudad norteamericana, engordar y sufrir estoicamente al marido borracho quien la patea y la trata como “chola de mierda”. Y nuestro mulato, decepcionado, viaja a los EEUU, se enrola en el ejército, y por unos dólares viaja a VietNan, a pelear una guerra con la que nada tiene que ver. Resultado: lo matan. Pero este cuento no se puede leer literalmente, hay una significación entre líneas vital. El mensaje es cuántos mulatos hay dentro nosotros mismos y que diariamente intentamos ahogar, desaparecer. La gente no está conforme con su cabello negro y quiere ser gringo. Le horroriza ser cobrizo. Las trasnacionales de cosméticos se han dado cuenta de ello y agigantan sus temores a través de la publicidad con productos blanqueadores a fin de arrancarle plata de su bolsillo. Pero no sólo se pretende un cambio a nivel físico, también mental. Intentamos llenarnos de adornos simbólicos para parecer más sabios y más hermosos. Sin esos ornamentos académicos nos angustiamos y arribamos a la conclusión de que no somos nadie. Entablamos una guerra con nosotros mismos cuya funesta consecuencia la pagan nuestro corazón y vísceras sangrantes
Vargas Llosa acaba firmar un documento en apoyo a las corridas de toros. Qué lamentable. No sólo admiro a Vargas Llosa, le aprecio, le tengo veneración por algunas de sus obras escritas y su gran disciplina para el trabajo intelectual; pero esta adhesión violenta resulta inaceptable para quien defienda la vida en cualquiera de sus manifestaciones y en cualquiera de sus etapas evolutivas. Que las corridas de toros sean defendidas por un cavernario ex borrachín arequipeño, columnista de un diario de circulación nacional y en las que ha sostenido que a los hermanos de la selva debieran rociarlos con napalm, es comprensible y esperable, pero de Vargas Llosa, resulta, por lo menos, chocante. Yo no sé en que anda Hernando Cáceres García, ex presidente de la sociedad defensora de los animales. La actriz Magaly Solier, la de la Teta Asustada, ya se pronunció en contra, ahora corresponde a Hernando Cáceres exponer las razones por las cuales estos eventos taurinos constituyen verdaderas salvajadas. Esperamos su artículo (comentarios y crítica a leda555aqp@hotmail.com)


