¡EL PERÚ VA!

junio 30 | Posted by webadmin2000 | Opinión

Por: Guillermo Vidalón del Pino

Afortunadamente, desde el más alto nivel del gobierno hasta el denominado ciudadano de a pie, una amplia mayoría de peruanos es consciente de la legitimidad del empleo de nuestras potencialidades para proveernos Bienestar y Desarrollo.

Lamentablemente, un grupo minoritario de dirigentes políticos emplea la excusa del cuidado y protección del ambiente para alcanzar notoriedad entre los ciudadanos, y finalmente, hacer público y manifiesto su interés de emplear/manipular la “protesta social” como instrumento de su accionar político.

La actividad política en sí no es condenable, lo censurable es que se enmascare este interés y se llegue al extremo de poner en riesgo la vida de muchas personas, quienes legítimamente pueden manifestar su inquietud respecto de tal o cual decisión.

La protesta puede ser legítima, pero no se trata de defender un prurito de la juridicidad, se trata de establecer qué tan racional es la demanda formulada. De lo contrario, lo que realmente buscan los dirigentes de estas acciones es sobredimensionar una percepción que no se condice con la realidad.

Cierto es que se debe reconocer que quienes deben ser los principales interesados en proyectar una imagen acorde con su identidad son precisamente quienes realizan tal o cual actividad económica. Por ejemplo, las Administradoras de Fondos de Pensiones (más conocidas como las AFPs), compiten entre sí por captar nuevos afiliados, pero son conscientes de que, por encima de sus legítimos intereses está el defender la legitimidad del Sistema Privado de Pensiones, el cual está demostrando ser mucho más eficiente que el previo y antes exclusivo sistema público pensionario.

Hay otras actividades económicas que han alcanzado reconocimiento social en función de la proximidad de su accionar con el público, como pudiesen ser los bancos. Se puede discutir sobre las tasas de interés, si reflejan las condiciones imperantes en el mercado; si se pueden lograr mayores niveles de eficiencia operativos que permitan disminuir costos, beneficiar a sus clientes y ampliar la penetración del mercado bancario, lo que estimula la dinámica y el crecimiento de la economía; pero nadie pone en tela de juicio la necesidad de contar con un sistema bancario, de preferencia privado. Esto permite y estimula la competencia, mientras que el Estado debe actuar como regulador y fiscalizador de quienes brindan el servicio en resguardo de los intereses económicos del público. Todo lo cual resulta en beneficio del conjunto de la sociedad pues, al “bancarizarse” a un mayor número de personas se consigue reducir la informalidad, incrementar el número de contribuyentes al Estado y, por consiguiente, mejorar los servicios que éste debe brindar.

Para pasar a otras actividades económicas, me referiré a quienes se deciden por la explotación del gas o el petróleo. Ambos hidrocarburos son de origen natural, ambos son percibidos como necesarios por la amplia mayoría de la población; por consiguiente, se justifica su extracción dentro de los alcances de lar normas establecidas. ¿Qué contribuye a que la percepción de la ciudadanía les sea favorable?, el hecho de que dichos productos deben consumirse con frecuencia, sea en grifos u otros centros de expendio, tal como sucede con las amas de casa que emplean gas natural o gas licuado de petróleo (GLP) para cocinar sus alimentos, o los vehículos de transporte público o privado cuyos principales combustibles son el petróleo, los diversos tipos de gasolina o el gas en sus dos versiones. La percepción de cercanía entre la actividad extractiva hidrocarburífera y los productos finales les otorgan el ansiado respaldo ciudadano.

Sin embargo, la percepción con relación a la extracción de los minerales suele ser vista como distante, además de habérsele endilgado el mote de contaminadora; no obstante haberse probado hasta la saciedad que todas las actividades humanas impactan al ambiente, que todas están concatenadas y que no existe actividad 100 por ciento limpia. Por ejemplo, ¿serán la educación y la salud actividades que no impactan el ambiente? Un análisis superficial diría que efectivamente lo son; pero, ¿dónde se desarrollan? Acaso no hay que construir escuelas y centros de salud, acaso en su edificación no se emplea cemento (producto minero no metálico) y fierro (producto minero metálico) en sus columnas, cobre en los cables eléctricos –siendo el rojo metal el mejor conductor de la electricidad-, y todo el instrumental quirúrgico empleado para salvar vidas humanas, acaso no se ha fabricado con hierro, cromo, molibdeno y níquel para obtener acero quirúrgico. Y qué decir de la tecnología de punta desarrollada por el conocimiento científico, ¿acaso no emplea elementos de la naturaleza (minerales entre otros) para proporcionarnos todas ventajas que dicho desarrollo implica? Podríamos proseguir casi hasta la infinidad mostrando ejemplos positivos en nuestra vida diaria de las bondades de la minería, amén de los recursos económicos que genera, tanto para las poblaciones del entorno a las operaciones mineras como para el Estado de los pocos países que cuentan con recursos geológicos tan apreciables como los nuestros.

Si las actividades humanas impactan el ambiente, ¿el problema será la Humanidad?, creemos que no. Si la Humanidad se originó por generación espontánea de la naturaleza, es lógico y legítimo que se sirva de ella para alcanzar el Bienestar y Desarrollo. Si la Humanidad es producto de la inspiración divina, así como todo lo que conocemos como la Creación, cabe preguntarse, ¿de dónde pudo pretender el Creador que nos ganemos el pan con el sudor de nuestra frente, si no es de la naturaleza que puso a nuestro alcance?

Las posiciones catastrofistas siempre han existido, afortunadamente, también, siempre han fracasado. La dinámica de la geofísica de la Tierra es mucho más poderosa que toda la acción humana, por eso el poder destructivo de los fenómenos naturales. ¿Hemos las personas impactado el ambiente?, sí; que debemos racionalizar nuestro impacto, también. Sin embargo, pretender legitimar posiciones excluyentes de alguna actividad humana porque haya quienes por desconocimiento u otros intereses se oponen a la minería es hallar un chivo expiatorio para nuestra propia responsabilidad. Combatir la minería es fácil. Entonces, que empiecen por desalentar el consumo de metales en los principales demandantes de los mismos, que por coincidencia, casi siempre son aquellos países desde donde proviene la subvención a la antiminería; ya quisiera conocer a los primeros que están dispuestos a retornar a la cueva.

¿Qué es lo que realmente se pretende cuando se quiere excluir a la principal actividad económica del país?

Primero, acrecentar la pobreza; segundo, socavar el sistema democrático; tercero, agudizar las tensiones sociales; cuarto, polarizar al extremo el país para crear las condiciones para “El Gran Salto” –claro, nunca mencionan que está probado que dicho salto sería para atrás-; quinto, “salvo el poder, todo es ilusión”. El esquema es el mismo de los años ‘70 y ’80, acciones tácticas de “Agitación y Propaganda” (también denominadas eufemísticamente “concientización”). Luego, las acciones estratégicas de “Asalto del Poder”, en virtud de que saben que la ciudadanía nunca les otorgará respaldo democrático. Los peruanos somos conscientes de que el desarrollo solo se alcanza con seguridad, esfuerzo, dedicación y aprovechando las ventajas comparativas que nos brinda el territorio nacional.

¡Qué bueno que el Perú va! Y confiemos en que prosiga por el auténtico sendero del Bienestar y Desarrollo, de la disminución de la pobreza, de la inclusión social, de la integración y el reconocimiento de nuestra diversidad cultural, social y territorial.

Muchas gracias por leerme. Se autoriza su reproducción (siempre que se respete la autoría del mismo) para que más peruanos seamos conscientes de la importancia de la minería en el proceso de desarrollo y generación de bienestar en el Perú.

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