El problema de la mina Conga ha permitido reconocer a lso gobiernos regionales no sólo como legítimos representantes de sus pueblos, sino como mediadores eficacez e interlocutores válidos en el tratamiento de asuntos tardíamente detectados por la lejano y ajena Lima, sede del centralismo y generalmente ignorante de las realidades del interior del país.

diciembre 4 | Posted by webadmin2000 | Opinión, Principal

El problema de la mina Conga ha permitido reconocer a lso gobiernos regionales no sólo como legítimos representantes de sus pueblos, sino como mediadores eficacez e interlocutores válidos en el tratamiento de asuntos tardíamente detectados por la lejano y ajena Lima, sede del centralismo y generalmente ignorante de las realidades del interior del país.
El gobierno regional de Cajamarca, en actitud que muchos pueden considerar equivocada, asumió la tarea de defender lo que evidentemente es criterio mayorítario con respecto a las bondades supuestas del estudio de impacto ambiental  de la mina en cuestión.
Pero además, pudo canalizar y ordenar, dentro del desorden que supuso, el paro general de Cajamarca, la tranquilidad que evitara enfrentamientos y eventuales tragedias.
Esa actitud ha determinado que el Gobierno busque perfeccionar las tratativas y la posibilidad de reabrir el diálogo previa evaluación de estudio de impacto ambiental también cuestionado por el Ministro del Medio Ambiente.
el gobierno regional de Cajamarca será, de seguro, un eficaz vocero de su pueblo en un diálogo que se avecina con el Gobierno y la empresa minera que quiere explotar Conga.
Si se observa el panorama nacional, se comprueba que cada vez son más frecuentes las oportunidades que ratifican que conviene tener en cuenta a los gobiernos regionales y estimar como corresponde el liderazgo de sus funcionarios.
Así se está creando un escalón intermedio entre las bases populares ciudadanas, y el nivel final y decisorio del Gobierno central, que debe suponer una instancia de apelación en caso no se produzca el acuerdo en los problemas sociales que pudieron surgir.
Nos tenemos que ir acostumbrando a una institucionalidad de base legítima que no suponga el surgimiento de un grupo que autodenominándose Frente de Defensa, quiera manipular, generalmente en base a criterios políticos, la opinión mayorítaria de la ciudadanía o imponer por el terror y la violencia directivas que a veces ni siquiera proceden del país, sino de trasnochados plantamientos partidarios.

Los gobiernos regionales deben asumir la responsabilidad de diálogar al nombre de sus pueblos con el centralismo al margen de cualquier interés subalterno.

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