LAS CABEZAS TROFEO

diciembre 8 | Posted by webadmin2000 | Opinión

Por: Eloy Armando Vera Medina

Por encontrarse en ella el órgano más noble del ser humano, la cabeza constituye el recinto donde se aloja la racionalidad, la fuente que almacena el conjunto de conocimientos adquiridos en un sinfín de experiencias y de abstracciones que son la parte que permite al hombre ser portador de los elementos socioculturales que definen y diferencian el modo de pensar particular y de grupo.
Desde los inicios de la humanización, el proceso evolutivo del hombre se ha evidenciado especialmente en la inteligencia, en el desarrollo de la bóveda craneal para alojar la masa encefálica, cada vez más grande hasta alcanzar los 1300 a 1500 cc de capacidad craneal. Esto permite al ser humano lograr la supremacía en el dominio terrestre, muy por encima de los demás seres vivos.
Es por esto que desde los tiempos primitivos, épocas de la organización social del salvajismo, poseer la cabeza del enemigo o de individuos destinados al sacrificio, era un premio al guerrero o una preciada ofrenda a los dioses. Además constituía la evidencia del triunfo y venganza sobre el enemigo, demostrando a todas luces una superioridad sobre el adversario. En los sacrificios humanos se practicaba el degollamiento que era el arrancamiento de la cabeza del resto del cuerpo, probablemente las víctimas de dichos sacrificios eran aquellas personas que sobresalían de las demás por sus capacidades o dones físicos, brindándoles a los dioses el espíritu de valiosos elementos humanos.
En la iconografía de antiguas civilizaciones en el mundo, revela que esta práctica era universal. Todas las antiguas culturas practicaban sacrificios que consistían precisamente en poseer la cabeza; estas actividades fueron graficadas y talladas en una amplia variedad de murales y esculturas por todo el mundo. En los andes encontramos la representación de cabezas humanas con rasgos felinos talladas en piedra y empotradas a los templos de veneración, es el caso de las cabezas clava de chavín; o las escenas grabadas en la cerámica Nazca con la representación de guerreros con cabezas trofeo en las manos; y hasta en las mismísimas líneas de Nazca se aprecia un gran pez con la cola vuelta hacia arriba y con una cabeza trofeo como pendiente.
Es precisamente en el contexto de la cultura Nazca donde las cabeza trofeo se extendieron lo bastante como para conocer hoy cual era la práctica. Se sabe que apenas era degollado el individuo se realizaba un gran agujero por la parte inferior del occipital por donde se evacuaba el cerebro, luego se realizaba un pequeño agujero en el centro del hueso frontal este servía para pasar una cuerda de fibra vegetal o animal con el objeto de sujetar la cabeza alrededor de la cintura del guerrero. Nos podemos imaginar la escena macabra, que podía ser normal a los demás miembros del grupo; desde el punto de vista de la cultura occidental moderna los cronistas y misioneros interpretaron estas costumbres como manifestaciones diabólicas o expresiones de la naturaleza bestial del hombre salvaje americano.
Como dice Roberto Pineda, “los guerreros llegaban con su cabeza trofeo colocadas en su lanza, y eran recibidos con emoción por sus familiares e hijos”, lo que indica era de prestigio aprender y matar a cuanto enemigo hayan tenido a su alcance, lo que hacía de ellos una persona notable el poseer muchas cabezas, además de infundir temor y valentía frente a sus adversarios.
No solo se guardaba las cabezas de los guerreros enemigos muertos en combates, también hubieron de mujeres y niños pero en menor cantidad. Todas estas cabezas trofeo se disecaban para una conservación prolongada, ya que eran presentadas en todas las ceremonias de la tribu como símbolo de la supremacía sobre las demás, y consideraban que secuestraban los espíritus de estas víctimas absorbiendo su fuerza e impidiendo que actúen frente a los dioses para favorecer al enemigo.
El estudio en la actualidad de estas Cabezas trofeo, corresponde al análisis de lo que se ha llamado como “prácticas cefálicas”, que junto al estudio de las deformaciones y trepanaciones craneanas han convertido al contexto geográfico Americano como el cuartel principal en los estudios arqueológicos y bioantropológicos de dichas prácticas.
Pero la posesión de la cabeza del enemigo no acaba a la llegada de los españoles, ya que fue un trofeo para los bandos antagonistas en las famosas Guerras civiles de los conquistadores. Cabezas como las de Almagro el Viejo, Almagro el mozo, Gonzalo Pizarro, Francisco Hernández Girón etc. rodaron a la acción de los verdugos, y puestas en la picota o el rollo anunciaban a la naciente sociedad virreinal la advertencia de incurrir en desacato y sedición.

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